Hoy es una de esas mañanas…

Publicado: 1 septiembre, 2014 en DIVAGACIONES

A veces me odio… Bueno, casi siempre lo hago. Me odio por ser quién soy, por mi manera de ser, por mi naturaleza, por existir. Creo que la misantropía siempre va acompañada de un amargo trago de su propia medicina.

Ya no sé si vale la pena seguir vivo o seguir intentando permanecerlo durante el resto de los días que algún factor arbitrario en la historia de esta humanidad definirá tarde o temprano.  Somos tantos…

¿Qué es lo que tú percibes al mirarme a los ojos?  Francamente yo ya veo nada. Simplemente percibo un recipiente de carne y huesos que por designios casi inescrutables ha aprendido a hablar y tener sentimientos.  Mi mundo se deshace a la par que mi cordura. Cargo tantos gritos ahogados que a veces me pareciera escucharlos, porque ya son demasiados los que tengo guardados.

No tengo ni siquiera una expectativa del final del viaje. Creo que nunca la he tenido y de haber existido, no la recuerdo, lo que a final de cuentas da lo mismo: No hay nada ahí donde todos los demás se refugian para impulsar sus anhelos, sueños y metas.

Hace tanto que no me siento yo mismo, he perdido ya la intención de construir algo. Los años pasan y me percibo estancado. Atrapado en un mar de angustia, soledad y neurosis. Dormir vuelve a ser mi mejor aliado para enfrentar la realidad, porque efectivamente me hace darle la espalda, al menos por un rato. Y cuando me doy la vuelta y la enfrento, es poco lo que pareciera proponer. Esa existencia, esa cruda existencia humana a la que he sido orillado a vivir.

¿Qué hay de ti? ¿Sabes que existo? No. Ni siquiera estas líneas tienen algún ávido lector que no sea mi ego residual intentando desdeñarlas y pulirlas hasta que me logren carcomer lo poco que me queda de dignidad.

Hace años morí. Jamás renací, nunca se renace, solo fue mi entelequia póstuma. Si escribo esto es porque estoy perdiendo cada vez más la intención de seguir siendo este menudo organismo, supuestamente racional, que he sido ya desde entonces.

Pero no sé quién soy.  Nadie lo sabe.

Quizá entre sueños pueda aspirar a algo temporal… sí. Huir de este mundo, escapar del tedio, tirarme al vacío existencial. La corriente no lleva mayor voluntad que la que la propia naturaleza le ha impuesto. Ella sabrá dónde depositarme.

Morir… ¿nuevamente?

comentarios
  1. Muy buena entrada, palabras mostradas desde el fondo de tu ser. Alguna vez estuve en esa situación, estas palabras hubieran encajado perfectamente en un par de años ya que han quedado muy atrás, aún no te puedes imaginar todo lo que te espera, serán cosas que en este momento tal vez ni te interesa saber pero que pronto te harán voltear a leer esta entrada y decir “a que tiempos aquellos que me hicieron crecer lo que nunca imaginar y poder experimentar tantas cosas que jamás hubiera soñado”

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